Tomas Catari - Rebelión en el Alto Perú

Uno de los mayores focos descontento estaba en Chyanta, allí desarrolla su labor el cacique Tomás Catari, quien estaba en comunicación con Tupac Amaru. Era fácil de comprender por qué esta región fue uno de los centros más importantes del levantamiento si tenemos en cuenta la cercanía de Chayanta a las minas de Potosí a donde se envía mitayos para trabajar en el Cerro Rico.

Los sucesos de Chayanta comenzaron con el reclamo hecho por Tomas Catari contra Blas Bernal por usurpación de sus derechos al cacicazgo. Asesorado por el protector de naturales presento su reclamación, pero el corregidor lo apreso. Catari logro fugar. La audiencia y los oficiales reales apoyaron al caudillo, pero el corregidor no daba curso a sus despachos. Viendo lo infructuoso de sus reclamos, Tomas Catari se dirige sin ningún recurso a Buenos Aires, obligado a caminar seiscientas leguas a pie hasta la capital del virreinato.  Llega allí a fines de 1778 y presenta sus quejas al virrey.  Vértiz ordena a la audiencia la investigación del caso.  El asunto pasa al fiscal de la audiencia, siguiendo el lentísimo curso de los trámites burocráticos.

Catari retorna a Chayanta y, sin esperar la solución legal de su caso, se auto nombra cacique y empieza su lucha contra caciques que habían sido impuestos por los corregidores por lo que fue apresado nuevamente.

La audiencia no daba curso al expediente del caudillo, favoreciendo al corregidor Alós. La venalidad de este tribunal había llegado a ser escandalosa, por haber cedido ante Alós, Flores, que se hizo cargo de la audiencia de Charcas después de los sucesos Catari habría que solucionarlo sin intervención de la audiencia, la cual “no había más que retardar el proceso sin poder conseguir justicia ninguna”.

En contraposición al caudillo de Tinta, Catari es un jefe con poca instrucción.  Tuvo grandes cualidades, como abnegación y perservancia sin límites, también es indudable que le acompañan una sagacidad y un talento político poco comunes, pues contra todas las circunstancias y aún, contra su brillo personal, no precipita los acontecimientos, siempre a la espera de la consigna de Amaru, para no desbaratar la acción conjunta que sehabía planeado.

Murió despeñado a la vista de la masa indígena el 15 de enero de 1781, inmediatamente los indios atacaron, matando a muchos españoles.

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