28. La minería de la plata

La decadencia de la producción minera colonial arrastró consigo una seria crisis económica que heredó la naciente república. Si Bolivia le había debido su razón de ser, como unidad política, a la minería durante la Audiencia de Charcas, su nacimiento como país no pudo apoyarse en la minería, cuya caída fue sostenida hasta fines de la década de los sesenta en el pasado siglo.

La realidad de la minería era dramática. Por un lado el declive de productividad, por el otro la inestabilidad e incertidumbre de la guerra de la independencia rompieron toda opción de una producción regular por falta de mano de obra estable y acopio de insumos, agravados por la vandálica presencia de los ejércitos “auxiliares” argentinos. Al comenzar la República miles de minas e ingenios estaban abandonados; muchas minas inundadas mostraban un panorama desolador. Adicionalmente, el retraso tecnológico era lamentable, sobre todo en un país de tradición minera que había vanguardizado la técnica (véase El arte de los metales del padre Alonso Barba escrito en el siglo XV I) y que mantenía en pleno siglo XIX procedimientos coloniales. A todo esto se sumaba la falta de capital por el aislamiento geográfico del país, el monopolio de comercialización de pastas de plata por el estado y la moneda feble, producto de una política económica proteccionista.

El despegue de la minería de la plata en el XIX tiene que ver con los esfuerzos notables de pioneros, como José Avelino Aramayo, Aniceto Arce y Gregorio Pacheco. 1856 fue el año mágico de la plata al consolidarse en esa fecha tres empresas claves, la sociedad del Real Socavón de Aramayo, la Compañía Guadalupe (Oploca) de Pacheco y la mas importante de las tres, la Compañía Huanchaca de Bolivia de Arce (Huanchaca llegó a tener en 1877, 1.567 obreros y más de 10.000 indios para el transporte y trabajos complementarios). Con altos niveles de ley de mineral, la explotación de estas tres grandes minas cubrió una parte mayoritaria de la producción total de plata del país. Si en la década de 1850 a 1859 logró producir 201.000 marcos de plata, en la década del noventa rozó 1.700.000 marcos, un crecimiento de ocho veces. El estado boliviano recibía un pago de 0,80 cts. de peso por marco de plata exportado, lo que representaba para el erario entre 180.000 y 300.000 pesos por año según la producción, sustituyendo los ingresos del tributo indígena.

La inflexión para que esto fuera posible se dio en 1872 en el gobierno de Morales. El 8 de octubre de ese año se tomó la determinación de suspender el monopolio estatal de compra de pastas y minerales de plata. Esta medida fue complementada en 18 73 al eliminarse el pago de minerales con moneda feble, lo que en la práctica la hizo desaparecer de circulación. El uso de moneda feble tenía una lógica económica. Se trataba de una moneda con menor valor metálico que el nominal, al fabricarse con una aleación de plata y cobre. Al comprar el mineral de plata con esa moneda, en los hechos se le pagaba al vendedor menos de lo que la plata realmente valía, ese ahorro fomentó el comercio interno y financió gastos del estado La política de libre cambio eliminó ambas restricciones y abrió Bolivia al mercado internacional.

La consecuencia inmediata fue la llegada de capital chileno y europeo, nacimiento de la banca, incremento del intercambio comercial, creación de empresas importadoras que trajeron una gran cantidad de productos importados (lo que, como ya dijimos, debilitó seriamente la industria y la artesanía nacionales). Esta nueva realidad permitió una rápida modernización de la minería, con nueva tecnología, mecanización y electrificación, culminando en el tratamiento básico del mineral en ingenios que a fines de siglo incluían la lixiviación. Cuando el impuesto sobre mineral refinado subió en Bolivia, Huanchaca trasladó sus plantas de refinación a Antofagasta. Por su parte el ferrocarril abarató fletes de transporte. Paradójicamente sin embargo, el ferrocarril que unía Uncía con Pulacayo y Huanchaca (45 kilómetros) inaugurado en 1890, sólo benefició a Arce hasta 1893-94, años del comienzo de la severa y definitiva declinación de la plata. La transnacionalización de las empresas condujo incluso al cambio de sede legal (Huanchaca trasladó su sede a Valparaíso en 1878, con un 78 % de capital boliviano y 22 % de capital chileno o radicado en Chile).

El auge de la plata cubrió cuatro décadas de la historia republicana del país y su declive tuvo que ver con el cambio de patrón monetario y el auge de la industrialización que colocó al estaño en la mira de los países poderosos, generando una rápida sustitución no sólo de producción, sino de poder.