El Censo de 1976

Uno de los problemas que afrontó el país para encarar adecuadamente sus programas de desarrollo fue la falta de información sobre su realidad. A lo largo del siglo XX se llevaron a cabo solamente cuatro censos. El primer en 1900, el segundo cincuenta años después en 1950, el tercero en 1976 veintiséis años después y el último en 1992, dieciséis años más tarde. El censo de 1976 nos permite comparar el país de la pre-revolución con el posrevolucionario.

La población pasó de 3.019.031 a 4.6'13.486, un crecimiento del 35 %. Se produjo un ascenso significativo de la población urbana y el verdadero despegue de la población del oriente a partir de Santa Cruz. La Paz, que había sido el centro económico y demográfico de mayor crecimiento sostenido entre 1900 y 1950, mantuvo un ritmo importante de aumento demográfico, pero menos acelerado. Pasó de 321.073 a 635.283 habitantes (duplicó su tamaño). En cambio, Santa Cruz pasó del cuarto al segundo lugar, de 42.746 pasó a 254.682 habitantes (multiplicó seis veces su tamaño). Cochabamba dejó de ser la segunda ciudad del país pasó de 80.795 a 204.684 (aumentó dos veces y media su tamaño). Oruro duplicó su población de 62.975 a 124.213 y Potosí creció un 40 % de 45.758 a 77.397.

La población rural disminuyó su peso pero siguió siendo mayoritaria en el país. El 58,5 % de los bolivianos vivían en el campo, mientras que el 41,5 % vivían en el ámbito urbano (considerando como tal a poblaciones de más de 2.000 habitantes). El panorama del alfabetismo mejoró, la población analfabeta pasó de 69 % en 1950 a 36,8 en 1976. La población indígena se registró en un 54 %, incluyendo población indígena del oriente. El 35 % de la población tenía como lengua materna el quechua, 33 % castellano y 26 % aimara.

La situación educativa dio un giro espectacular después de la universalización planteada por el código de 1955. En 1950 526.086 alumnos estaban inscritos en los seis primeros cursos, mientras que en 1976 el número alcanzaba a 1.728.345 alumnos en ese mismo ciclo, un crecimiento del 228 %.

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En 1977 Banzer convocó a elecciones, casi tres años antes de su propio cronograma. La evidencia de que la bonanza económica se terminaba y abría paso a una severa crisis y la presión de la nueva administración estadounidense presidida por Jimmy Cárter y obsesionada por el respeto a los derechos humanos, impulsaron al gobierno a tomar la decisión. Pero el verdadero factor de inflexión surgió del seno del país.

En 1975, después de 13 años de ruptura diplomática, se reanudaron relaciones con Chile. Esta muestra de buena voluntad con Santiago tenía que ver con la reiniciación de negociaciones sobre el pendiente tema marítimo. Chile aceptó la reanudación porque le daba aire a la secante dictadura que había derrocado a Allende en 1973. El aislamiento del gobierno de Santiago era prácticamente total y este gesto mejoraba su imagen. En la fronteriza localidad de Charaña se reunieron los presidentes Banzer de Bolivia y Augusto Pinochet de Chile.

Tras la gravedad de acontecimientos, como el asesinato del Cnl. Andrés Selich ex-ministro del Interior (1971-1972), que fue brutalmente golpeado por funcionarios de seguridad del gobierno hasta matarlo, forzaron la renuncia del ministro Alfredo Arce Carpió. Paz Estenssoro fue exiliado del país ante su creciente distanciamiento y críticas al régimen, se produjeron además dos intentos de golpe de estado con la participación de militares institucionalistas y el MIR, y el deterioro del esquema del FPN que se hizo muy evidente.

El comienzo de la integración del oriente, lograda hacia 1954 con el camino Cochabamba-Santa Cruz, se impulsó en gran medida en este período. Como hemos visto Santa Cruz pasó de 42.000 habitantes en 1950 a más de 350.000 en 1980. Un crédito de más de 60 millones de US$ se destinó al algodón, el resultado fue un fracaso por el uso inadecuado y muchas veces deshonesto de los créditos. Pero, a pesar de estos elementos negativos, hubo otros aspectos. Se incrementó la vivienda y se produjo una intensificación de la ganadería.

El caso del petróleo es ilustrativo. Bolivia había pasado (años 50) a ser país exportador en pequeñísima escala. En este gobierno llego al máximo de su capacidad (1975) con una exportación de 2.105.302 m3. A partir de entonces se produjo una reducción hasta prácticamente cesar de exportar y mantener años después un difícil abastecimiento del mercado interno. YPFB, tradicionalmente una de las pocas empresas estatales solventes, entró en una espiral preocupante de pérdidas.

Tras 16 años de estabilización monetaria, en 1972 se determinó la devaluación del peso en un 66% (Sesenta y seis por ciento - de 12 pesos por dólar se pasó al cambio de 20). Por el transcurso de varios años se había mantenido una paridad artificial que ponía en riesgo a la economía. El rezago cambiario obligó a una medida radical que trajo como respuesta un intenso movimiento popular de protesta, manifestaciones, etc., con los consiguientes enfrentamientos.

Durante este período de gobierno se produjo una etapa de bonanza económica sin precedentes, fundamentalmente por los precio favorables de nuestras principales materias primas de exportación (1974 - 1975). Basta mencionar que el estaño llegó a cotizarse en casi 8 dólares por libra fina a mediados de los años setenta record histórico que nunca más se volvió a repetir y el gas llegó a venderse a 4,4 dólares por millar de pies cúbicos (1976). Era además el tiempo de los créditos internacionales fáciles, frescos y rápidamente disponibles.