Simón I. Patiño

Patiño es, sin ninguna duda, una de las figuras centrales de la historia boliviana. A su alrededor se teje buena parte del siglo XX en el país y se establece el destino de cientos de miles de bolivianos.

Nació en 1860 en Santibáñez (Cochabamba). Comenzó a trabajar en 1883 como dependiente en una casa comercial de Cochabamba. En 1894 entró a trabajar en Oruro a la próspera casa comercial Fricke. Ese mismo año se interesó por la minería En 1895 se asoció con Juan Oporto quien tenía la concesión de la mina La Salvadora. La mina ubicada en el corazón del cerro Llallagua en el departamento de Potosí, recitó ser la reserva estañífera de alta ley más grande del mundo. En 1900 descubrió la veta que lo haría rico. Se estableció en Oruro. En 1906 creó el banco Mercantil. Hasta 1910 su fortuna se consolidó y la modernización y mecanización de sus minas fue vertiginosa. Sus propiedades mineras se expandieron a varias minas, consolidando el complejo minero más importante del país (Llallagua – Catavi - SigloXX, Uncía, Huanuni, las más importantes).

En 1924 compró la totalidad de Llallagua a los accionistas chilenos. La Patiño Mines se valoraba ese año en 50 millones de dólares. Desde ese tiempo Patiño radicó en Europa (París) y Estados Unidos. Sus intereses económicos se transnacionalizaron, la sede legal de su empresa estaba en EE.UU. Adquirió la fundidora de estaño inglesa Williams Harvey, además de otras en EE.UU. y Alemania. Adquirió minas en Malasia y propiedades mineras en Asia, África y Oceanía, hasta controlar buena parte del mercado mundial de estaño. En los años cuarenta se hallaba entre los hombres más ricos del mundo. El 20 de abril de 1947 murió en Buenos Aires a los 86 años. Fue enterrado en Cochabamba.

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