El tratado de 1904

El Litoral boliviano se había desplegado entre los paralelos 21 al norte, frontera con el Perú y 25 al sur, frontera con Chile, entre la costa y la cordillera occidental de los Andes. Las cuatro poblaciones principales del país en la región eran por orden de importancia Antofagasta, Cobija, Mejillones y Tocopilla, con una superficie aproximada de 120.000 km2. Las dos riquezas fundamentales en la época del conflicto eran el guano y el salitre, a la que debe sumarse el cobre cuyo epicentro fue la mina de Chuquicamata explotada después de terminada la guerra. Las riquezas que obtuvo Chile por estos tres productos, pero especialmente por el cobre, son de tal manera determinante en su economía, que sin ellos es simplemente impensable la explicación de su crecimiento y desarrollo tal como ocurrió hasta por lo menos la primera mitad del siglo XX.

Para entender el tratado de 1904 hay que ver la mentalidad de los protagonistas bolivianos. Tanto conservadores como liberales estaban absolutamente obsesionados por lograr una solución pacífica y práctica al problema. Su practicismo hizo excesivamente inmediatistas sus miras y eso los perdió. La mentalidad empresarial condujo a pensar que el desarrollo de los ferrocarriles y el libre tránsito, eran compensaciones que valían el sacrificio. Los negociadores bolivianos partían de dos premisas bastante realistas, la primera era que la lógica obstrucción peruana hacía imposible la cesión de un puerto (léase Tacna o Arica). La segunda, que en los hechos el litoral era administrado y explotado por Chile cuya decisión de perpetuarse en él era irreversible. En consecuencia, había que cerrar la página como se hizo con el Acre y mirar al futuro. No midieron el impacto del aislamiento y encierro para nuestro desarrollo y la consecuencia emocional que marcó a Bolivia de manera permanente.

Está lógica boliviana puede haber sido influida fuertemente por la famosa torpeza del embajador chileno en La Paz, Abraham Koning, reflejada en una carta que hizo historia por la prepotencia que le hacía honor al lema del escudo chileno "Por la razón o la fuerza". El 13 de agosto de 1900 Koning le escribió al canciller Eliodoro Villazón: “Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena... Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones...Que el litoral es rico... eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale... Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el litoral. Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido....Chile no debe nada, no está obligado a nada…”

La responsabilidad del tratado debe considerar a dos gobiernos, Pando y Montes. El negociador confidencial de Pando fue Félix Avelino Aramayo que en 1902 se reunió con el Presidente de Chile Germán Riesco para proponer una cesión de soberanía a cambio de una compensación importante. Preliminarmente se habló de un pago de 2.000.000 de libras destinados íntegramente a la construcción de ferrocarriles. La negociación se reinició en 1904 con el embajador de Ismael Montes, Alberto Gutiérrez cuya decisión por lograr un acuerdo era tan definitiva como exagerada. En esas circunstancias, para Chile no fue difícil obtener el acuerdo que era aún más favorable a sus intereses que la propuesta boliviana de 1902. El 20 de octubre de 1904 el canciller de Chile Emilio Bello Codecido y el plenipotenciario de Bolivia Alberto Gutiérrez, firmaron el tratado de paz y amistad que se puede resumir así: Bolivia reconoce el dominio absoluto y perpetuo de Chile sobre los territorios ocupados. Chile se compromete a construir a su costo un ferrocarril entre Arica y La Paz. La parte boliviana pasará a propiedad de Bolivia quince años después de terminada su construcción. Chile se compromete a cubrir las garantías de hasta un 5% sobre el capital invertido por Bolivia en varías líneas de ferrocarriles dentro de territorio boliviano. Chile se compromete a pagar a Bolivia 300.000 libras esterlinas. Chile reconoce a perpetuidad a Bolivia el libre derecho de tránsito por su territorio y sus puertos.

Adicionalmente y, a pesar de la oposición del ministro de RR.EE. Claudio Pinilla, Gutiérrez firmó un acta secreta en la que Bolivia se comprometía a apoyar a Chile para que se quedase a perpetuidad con los puertos de Tacna y Arica a cambio de un abstracto apoyo chileno en eventuales conflictos limítrofes de Bolivia. Afortunadamente, esta acta nunca se puso a consideración del congreso boliviano.

Las sesiones en el congreso fueron borrascosas, pero el gobierno impuso su ratificación y promulgación el 10 de Mayo de 1905. Se opusieron al documento Pastor Sainz, Miguel Ramírez, Primo Arriera, Domingo Ramírez, Luis de Argandoña, José Ramírez, Román Paz, Juan M. Sainz y Fernando Campero, entre los más salientes.

La responsabilidad histórica de los gobiernos liberales que actuaron en este tema es muy grande. La mentalidad empresarial mezquina, sin un concepto mínimo de responsabilidad histórica de largo plazo, marca una de las decisiones más desastrosas de política internacional boliviana, cuyas consecuencias vivieron todos los gobiernos posteriores que intentaron una negociación con Chile para reivindicar el territorio usurpado.

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