Los Joaquinianos

Los Joaquinianos

La organización social básica de los joaquinianos es la familia básica compuesta por el padre, la madre y los hijos. Asimilados por completo y ya hace varias décadas a la vida citadina y la sociedad occidental, el catolicismo es la base de su credo, aunque algunos cultos protestantes entraron con fuerza en los años recientes en San Joaquín, Beni, y algunas comunidades aledañas. “Se dice que su procedencia es del Brasil, y que por ello hablan el portugués mejor que el español o alguna otra lengua nativa”, explicó el antropólogo Milton Eyzaguirre.

La principal actividad económica de estas comunidades y asentamientos es la agricultura, aunque también practican la caza, pesca y la recolección de castaña, palmito y frutos silvestres.

La agricultura se basa en el sistema de barbecho, es decir que trabajan en la poca tierra que ocupan sin posibilidades de rotación y descanso. Toda su producción se destina al autoconsumo, y sólo si hay excedentes los venden a sus vecinos “blancos” (carayanas) de San Joaquín, San Ramón, Santa Ana del Yacuma y Guayaramerín.

Las actividades básicas de este pueblo situado en el corazón de la amazonia boliviana se desarrollan de modo restringido por la presencia de pequeños asentamientos de gente de innumerables naciones en los alrededores.

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Cuenta Teobaldo Noé sobre sus ancestros: “La historia dice que nosotros estábamos en cuatro departamentos: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y una parte del Beni. En ese tiempo nuestros antepasados eran bastante ingenuos y humildes. Vivíamos como nómadas, de un lado a otro, porque el territorio era muy grande y muy rico a la vez”.

Los yuracaré andan siempre en busca de la Loma Santa, la tierra sin mal que, según su mitología, Dios les tiene predestinada para que se acaben las injusticias.

Hasta inicios del siglo pasado, fue común entre los yuquis un sistema de estratificación social de amos y esclavos, o por herencia u orfandad. Pero luego de la influencia de los evangelizadores se conformó la típica familia nuclear (de fuertes lazos entre parientes directos) de pareja monogámica.

La organización social de los yaminahua tiene como pilar la familia extensa, es decir, con lazos medianos y lejanos de parentesco; actualmente debido a su sedentarización se funda en la familia nuclear, donde están sólo los parientes inmediatos, siendo el padre el jefe.

Según cuenta el antropólogo Milton Eyzaguirre, investigador del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), “en esta etnia, una mujer puede decidir la separación de su pareja e inmediatamente puede elegir a otro hombre del mismo grupo. Es la mujer la que dispone de las relaciones de matrimonio”.

La explotación de los hidrocarburos afectó enormemente a los weenhayek, etnia asentada en tierras tarijeñas, no sólo porque su población sufrió una merma debido al impacto en el medio ambiente, sino porque la presencia de las transnacionales está carcomiendo las raíces de identidad de este pueblo que siempre se consideró superior a las demás culturas del Chaco.

Los pueblos chipaya, murato e hiruito, todos asentados en el territorio de Oruro, a orillas de los lagos Uru Uru y Poopó, están encasillados como un solo grupo étnico. Su trascendencia siempre fue muy escasa a raíz del dominio expansivo aymara que perduró durante todo el tiempo de la Colonia.

Los toromona son un grupo indígena que se asentó desde hace cientos de años en el departamento de Pando, entre los ríos Madre de Dios, Toromona y Arroyo Asunta. “En la década de los 80 ya eran pocas las familias sobrevivientes que recorrían la selva amenazados por petroleros, madereros y caucheros. Nunca se tuvo contacto formal y actualmente se teme que estén al borde de quedar exterminados”, asegura el antropólogo Wigberto Rivero.

El antropólogo Álvaro Diez Astete, autor del libro Pueblos indígenas y tierras bajas, reconoce que “no existe una información precisa sobre la etnohistoria de los tapieté, porque con el paso de los años se ha subsumido en la historia del pueblo guaraní, por lo que muchas veces son considerados como una parcialidad más de esa macroetnia”.

Las referencias más antiguas sobre esta comunidad asentada en los territorios de Santa Cruz y Tarija se encuentran en documentos y censos de principios del siglo XX.