Los Cayubabas

Los Cayubabas

Una característica innata de los cayubaba es que son buenos labradores. Cultivan maíz, maní y yuca y también son hábiles pescadores: utilizan canastas de forma cónica que arrojan al agua a manera de redes. Las mujeres se destacan por sus habilidades como artesanas, pues hacen cerámicas, tejidos con fibras vegetales o textiles de algodón, mientras los hombres se encargan de fabricar ruedas de carretones, cascos, canoas, gavetas, postes y bretes que son demandados por los ganaderos de las estancias, con quienes tienen casi esencialmente una relación que se reduce a lo comercial.

De ser un pueblo considerado salvaje hasta los albores del siglo pasado, en unas cuantas décadas, los cayubaba pasaron a ser una sociedad con valores y usos católicos y comunes a las sociedades urbanas, debido a la fuerte influencia de la evangelización jesuita.

Así, los estudios demuestran que las formas de organización social tradicional de esta etnia han desaparecido en su totalidad, dando paso a la familia nuclear monogámica como modelo que rige sus asentamientos, ante esporádicas excepciones en pequeños clanes que aún persisten en poblados orientales alejados. Los escritos de Álvaro Diez Astete y David Murillo identificaron al cabildo indigenal cayubaba como una forma de organización básica y definitoria de las principales actividades y decisiones, que hoy en día sólo subsisten como órgano de referencia, consulta y ordenamiento para la realización de festividades religiosas.

Los antropólogos también anotan que “los conocimientos registrados sobre su etnoculturalidad son insuficientes, debido a que la reconstrucción de su mundo cosmogónico, de su idea de lo sobrenatural, de sus costumbres sociales tradicionales, se han perdido en la dispersión causada por el avasallamiento de otras culturas”.

Cuando se asentaron y fundaron las misiones de San Carlos, Concepción y las Peñas, los cayubaba asimilaron y aprendieron artesanías y muchos oficios que los sacerdotes de la orden jesuítica creían apropiados para los aborígenes. La expansión del dominio de la influencia católica causó, en un principio, que los cayubaba se dispersaran al norte, pero finalmente, por necesidad, siempre terminaron asentados alrededor de algún poblado ya “tomado por los religiosos”.

Datos

Habitantes: Censo INE (2001): 23 Censo Conniob (Confederación Nacional de Nacionalidades Indígenas Originarias de Bolivia) (2004): 4.500.

Ecorregión: Amazónica.

Departamento: Beni.

Provincia: Yacuma

Municipio: Exaltación

Comunidades: Exaltación, Las Peñas, Pto. Santiago, Cooperativa, Peñitas de Nazareth, Bocorondo, Campo Ana María, Maravilla, Libertad de Carmen, Nueva Esperanza, Coquinal, San Carlos, Piraquinal y El Triunfo.

Idioma: Cayubaba.

Actividades principales: Agricultura y ganadería.

Productos: Arroz, yuca, chivé (harina de yuca), maíz, plátano, frijol, zapallo.

Vías de acceso: Aérea: las comunidades de Exaltación, Coquinal y Santa Isabel cuentan con pistas de aterrizaje para avionetas. Terrestre: los caminos existentes entre las comunidades cayubaba son transitables sólo en época seca. Fluvial: el acceso por vía fluvial es posible por los ríos Mamoré, IruyáñezyYacuma.

Los Cayubabas

etiquetas: 

Contenidos Relacionados

Cuenta Teobaldo Noé sobre sus ancestros: “La historia dice que nosotros estábamos en cuatro departamentos: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y una parte del Beni. En ese tiempo nuestros antepasados eran bastante ingenuos y humildes. Vivíamos como nómadas, de un lado a otro, porque el territorio era muy grande y muy rico a la vez”.

Los yuracaré andan siempre en busca de la Loma Santa, la tierra sin mal que, según su mitología, Dios les tiene predestinada para que se acaben las injusticias.

Hasta inicios del siglo pasado, fue común entre los yuquis un sistema de estratificación social de amos y esclavos, o por herencia u orfandad. Pero luego de la influencia de los evangelizadores se conformó la típica familia nuclear (de fuertes lazos entre parientes directos) de pareja monogámica.

La organización social de los yaminahua tiene como pilar la familia extensa, es decir, con lazos medianos y lejanos de parentesco; actualmente debido a su sedentarización se funda en la familia nuclear, donde están sólo los parientes inmediatos, siendo el padre el jefe.

Según cuenta el antropólogo Milton Eyzaguirre, investigador del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), “en esta etnia, una mujer puede decidir la separación de su pareja e inmediatamente puede elegir a otro hombre del mismo grupo. Es la mujer la que dispone de las relaciones de matrimonio”.

La explotación de los hidrocarburos afectó enormemente a los weenhayek, etnia asentada en tierras tarijeñas, no sólo porque su población sufrió una merma debido al impacto en el medio ambiente, sino porque la presencia de las transnacionales está carcomiendo las raíces de identidad de este pueblo que siempre se consideró superior a las demás culturas del Chaco.

Los pueblos chipaya, murato e hiruito, todos asentados en el territorio de Oruro, a orillas de los lagos Uru Uru y Poopó, están encasillados como un solo grupo étnico. Su trascendencia siempre fue muy escasa a raíz del dominio expansivo aymara que perduró durante todo el tiempo de la Colonia.

Los toromona son un grupo indígena que se asentó desde hace cientos de años en el departamento de Pando, entre los ríos Madre de Dios, Toromona y Arroyo Asunta. “En la década de los 80 ya eran pocas las familias sobrevivientes que recorrían la selva amenazados por petroleros, madereros y caucheros. Nunca se tuvo contacto formal y actualmente se teme que estén al borde de quedar exterminados”, asegura el antropólogo Wigberto Rivero.

El antropólogo Álvaro Diez Astete, autor del libro Pueblos indígenas y tierras bajas, reconoce que “no existe una información precisa sobre la etnohistoria de los tapieté, porque con el paso de los años se ha subsumido en la historia del pueblo guaraní, por lo que muchas veces son considerados como una parcialidad más de esa macroetnia”.

Las referencias más antiguas sobre esta comunidad asentada en los territorios de Santa Cruz y Tarija se encuentran en documentos y censos de principios del siglo XX.